Diego Armando Maradona, el Pelusa que enamoró a todos

    Muchos no lo vimos jugar. Nacimos demasiado tarde para disfrutar de varios prodigios del fútbol como Pelé, Cruyff, Di Stéfano... Y, por supuesto, del protagonista absoluto de hoy. Diego Armando Maradona, apodado El Pelusa, D10S, La Mano de Dios son algunos motes que ensalzaron a una leyenda que alcanzó el cielo futbolístico y que ayer, 25 de noviembre de 2020, nos dejó. Hoy hablaremos brevemente del barrilete cósmico, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Alabado por muchos, criticado y odiado por otros, aquí presentamos la carrera de Diego Armando Maradona.

        
        Maradona nació en Lanús, una localidad argentina de la provincia de Buenos Aires, el 30 de octubre de 1960, en el seno de una familia humilde. Desde pequeño ya sintió algo especial por el balón, y empezó a jugar al fútbol desde una edad bastante temprana. En el colegio formó parte del temible equipo Los Cebollitas, compuesto por compañeros de clase, y cuyo nombre se debía a que los jóvenes tenían una estatura algo baja. Eso no les impidió jugar como los ángeles y disputar torneos fuera de Argentina, sobre todo en Uruguay y Perú. Destacaron tanto que estuvieron invictos 136 partidos seguidos. Maradona era, sin dudas, uno de los más destacados, y no pasó desapercibido por ojeadores de la Primera División de Argentina; más concretamente, de Argentinos Junior, que le hizo unas pruebas y lo fichó a mediados de los años 70. Aquel pequeño, quien entretenía al público en los descansos de los partidos haciendo filigranas con el balón, enamoró al club y se incorporó a sus filas.
        
        Su debut también fue precoz. A diez días de cumplir los 16, Maradona debutó el 20 de octubre de 1976 en la liga ante Talleres. Con el dorsal también 16, salió al campo y, aunque su equipo perdió aquella jornada, dejó un "caño" y varios detalles de calidad que encandilaron al público. Ese día, según afirmó el mismo Diego, "tocó el cielo con las manos". Un mes después marcaría su primer gol. Fue un 14 de noviembre contra San Lorenzo. Con la camiseta de Argentinos Junior llegó a jugar 166 partidos y marcar 116 goles, además de repartir 65 asistencias.
   
        En 1981, su rendimiento y talento no pasaron desapercibidos y Boca Juniors, uno de los mejores equipos del continente americano, lo contrató. Rechazó ofertas suculentas de Europa (Sheffield United) y de otros equipos latinos, como el América de Cali o incluso el River Plate, que estuvo dispuesto a pagarle una cantidad de dinero bastante alta. No obstante, el jugador decidió que quería que lo traspasasen al xeneize, así que se marchó cedido allí un año y medio. Sin embargo, la mala relación con el entrenador, Silvio Marzolini, y las presiones de los fans provocaron que se marchase al año siguiente. Para el recuerdo dejó un torneo Metropolitano, 28 goles y 17 asistencias en 40 partidos.



        Tras el Mundial de España 82', Maradona se fue al F.C. Barcelona. Pese a estar hasta cuatro meses de baja por una hepatitis y discutir en reiteradas ocasiones con el entrenador alemán Udo Lattek, la temporada 82/83 acabó bastante bien para el argentino. Aunque se perdió bastantes partidos por la infección, consiguió marcar en dos finales ante el Real Madrid (Copa de la Liga y Copa del Rey) para llevarse dos títulos. Al año siguiente, sin embargo, todo salió mal para el argentino. Al comienzo de la temporada, el 24 de septiembre, Goikoetxea le rompió el tobillo izquierdo tras una dura entrada que le apartó de los terrenos de juego hasta enero. Además, en mayo de 1984 perdió la final de la Copa del Rey y, en la tangana que se montó, Maradona agredió a Miguel Ángel Sola, jugador del equipo bilbaíno, y recibió una sanción de tres meses sin jugar competiciones españolas. Esto provocó que José Luis Núñez, presidente del Barça, aceptase una oferta del Nápoles. Su etapa en el club catalán había finalizado tras 58 partidos, 38 goles y 24 asistencias. Se dice que fue en Barcelona donde comenzó su coqueteo con las drogas (Jimmy Burns en La mano de Dios).

        Llegó a Italia y ya desde el principio dejaría claro que había venido a Nápoles para hacer historia. Cogió las riendas de un equipo que un año antes se había salvado por los pelos del descenso para subirlo a lo más alto del fútbol italiano y europeo. Tras dos buenas temporadas en las que el equipo llegó a quedar tercero, Maradona acudió al Mundial de México 86', en el que jugó extraordinariamente bien. Ese rendimiento con la albiceleste lo aprovechó en el equipo napolitano. En la temporada 86/87 el Nápoles consiguió el Scudetto y la Coppa d'Italia, logro que solo habían conseguido tres clubes del norte de Italia: la Juve, el Inter y el Torino. Además, esa temporada nacieron dos de sus hijos, lo cual posiblemente aumentase la moral del argentino. En la 87/88, el equipo perdió puntos en la recta final y dejó escapar otra liga a favor del Milan, pero en la 88/89 Maradona consiguió adjudicarse la Copa de la UEFA al derrotar al Stuttgart por un global de 5-4 (la final fue a doble partido). Un año después, otro Scudetto.

        Llegó la temporada 90/91, que comenzó bien para el argentino con una Supercopa de Italia en diciembre. Sin embargo, en 1991 dio por primera vez positivo por dopaje en marzo, tras la victoria 1-0 contra el Bari. La sustancia detectada fue cocaína, y le impusieron una sanción de 15 meses. Maradona aprovechó para mudarse a Argentina, y allí la policía descubrió en su casa más droga. Todo este revuelo provocó que en julio de 1992, justo cuando vencía la sanción, Maradona se marchase al Sevilla. En Nápoles le querían, pero Maradona quiso alejarse de allí para tener, en parte, menos exigencias. Dejó Italia tras 259 partidos, 115 goles y 77 asistencias.


        Llegó a Sevilla siendo la sombra de lo que una vez fue. Varias lesiones de las que se resintió y un encontronazo con el entrenador, Bilardo, propiciaron su salida del club tras un año en el que jugó 29 partidos, marcó 8 goles y dio 13 asistencias. En 1993 volvió a su país natal y, tras un brevísimo paso por Newell's (5 partidos y 1 asistencia), Maradona sufrió otra sanción por dopaje en el Mundial de EE.UU. 94' y tuvo que esperar hasta 1995 para fichar de nuevo por Boca Juniors. Tras entrenar a varios equipos mientras esperaba el final de su suspensión, jugó desde 1995 hasta su último partido, que llegó en 1997, el 25 de octubre. Ese día, Boca perdía contra su archienemigo, River Plate, por 0-1 en la Bombonera. Maradona fue sustituido al descanso por un jovencísimo Juan Román Riquelme y el conjunto xeneize consiguió remontar el encuentro (2-1). Maradona vio y sintió que ya no le hacía falta al club, que no podía aportar más. Se sintió fuera. Salió y colgó las botas el mismo día que cumplía 37 años, el 30 de octubre de 1997. En su segunda etapa en Boca jugó 31 partidos, marcó 7 goles y repartió 10 asistencias.



        Con el combinado argentino, Maradona tocó el cielo y los infiernos. En 1978 y pese a jugar bien, el seleccionador César Luis Menotti no convocó al joven astro para el Mundial de ese año. Aunque Maradona nunca se lo perdonaría, puesto que Argentina ganó ese Mundial, Maradona siguió trabajando y mostrando su talento para alzarse con el Mundial sub-20 con Argentina en Japón, en 1979. A partir de 1980, fue convocado más asiduamente con la selección absoluta, con la que consiguió proclamarse campeón del Mundo en 1986 en México, tras un torneo que muchos destacan como "el mejor rendimiento de un jugador en una competición en toda la historia". Y lo fue. Históricos fueron sus dos goles a Inglaterra: el gol de todos los tiempos y la Mano de Dios con los que Argentina se vengó moralmente del conflicto de las Malvinas y con el que pasaban a semifinales. En la final vencieron por 3-2 a Alemania y, aunque Maradona no marcó, el resto del torneo fue un ejemplo de su talento a lo largo de su carrera. Todo este éxito se vio contrastado por su dura sanción por dopaje en 1994, en el Mundial de EE.UU., donde puso fin a su carrera con la selección argentina tras 91 partidos, 34 goles y 33 asistencias.

        El Maradona entrenador no tuvo tanto éxito como el jugador. Tras unas experiencias poco exitosas entre 1994 y 1995, donde entrenó a Mandiyú y a Racing Club, el astro tuvo su primer gran proyecto con el combinado de su país entre 2008 y 2010. Tras una fase de clasificación apurada, Maradona llegó al Mundial de Sudáfrica 2010 con ganas, pero Argentina cayó en cuartos de final tras una goleada por 0-4 a favor de Alemania. Después, entrenó a equipos menores de Emiratos Árabes, (Al-Wasl y Al-Fujairah) y volvió al continente americano en 2018 para entrenar a los Dorados de Sinaloa, de la segunda división mexicana. Finalmente, retornó al fútbol de su país, de mano de Gimnasia de La Plata en la 2019-20. Al finalizar la temporada, Maradona comenzó entrenando al equipo, pero poco después de celebrar su cumpleaños, tuvo que operarse de un pequeño derrame cerebral, del que un principio se recuperó exitosamente. Sin embargo, en su casa sufrió un paro cardiorrespiratorio el 25 de noviembre de 2020 que resultó ser fatal. El Dios del fútbol había fallecido.

        Maradona dentro y fuera del campo siempre fue un personaje controvertido. Era capaz de dejar destellos de magia en todos los estadios, hasta tal punto que salió ovacionado del Santiago Bernabeu. Sin embargo, su faceta fuera de los terrenos de juego siempre estuvo en el punto de mira y llena de críticas. Sus problemas con el alcohol y las drogas provocaron que estuviese al borde de la muerte en 2004, cuando estuvo hospitalizado 11 días por problemas cardíacos derivados de sus excesos. Extradeportivamente hablando siempre estuvo rodeado de anécdotas y polémicas, como aquel día en que disparó a unos periodistas con una pistola de aire comprimido, o sus últimas imágenes en el Mundial de Rusia de 2018, donde se le veía reaccionando de manera un tanto rara los goles de su equipo. Aun así, siempre fue un personaje que amaba el fútbol de una manera u otra. Estoy seguro de que la pandemia le hizo mucho daño. Alejado de los terrenos de juego, con problemas con su familia y su mala salud mermaron a una persona que acabó perdiendo el partido más importante. Por todo su legado futbolístico y por ser considerado incluso como el mejor de todos los tiempos, el mundo del deporte y, sobre todo del fútbol, despide al genio del fútbol. Hasta siempre, Pelusa




            



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